miércoles, 20 de febrero de 2013

Piérdete... Y vuelve a encontrarte


Querida mente soñadora:

Que vuelas más alto que cualquier pájaro, en busca de sueños imposibles. Que creas tus propias historias mejor elaboradas que en una película de Steven Spielberg. Que planeas cada instante, cada segundo y cada suspiro de tu futuro. Desabróchate el cinturón, sal del coche y disfruta del paisaje.

Estabas tan obsesionada por lo que había al final de la autopista que no te has parado a admirar la belleza de tu alrededor. Desiertos, montañas, bosques, playas, personas, animales, plantas… Pero tú solo ponías los ojos en la carretera. Conducías y conducías con destino a “cuando sea mayor”.

¿Qué más dará dónde estés dentro de 10 años de viaje? ¿Por qué tomar una sola carretera para llegar a tu fin? Tira el mapa, el GPS y olvídate de las señalizaciones. Piérdete. Y vuelve a encontrarte. Toma atajos, caminos con baches, vías secundarias. Deja el coche. Monta en moto. Ve andando. Haz autostop. Deja que te lleven. Lleva tú a gente. ¿Y luego? Luego incorpórate a tú autopista principal para volver a desviarte.

Porque siento decirte, mi querida mente soñadora, que tienes que tirar las gafas de ver de lejos y ponerte las de cerca. Que tienes que cerrar la habitación  del futuro y abrir la del presente. Y cuando llenes esta con todo lo que vayas recolectando de tus viajes, cuando ya no quede espacio donde guardar un recuerdo más, entonces sí, coge la llave y abre la puerta de “el día de mañana”. Abróchate el cinturón, conduce por tu camino y llega hasta tu destino.




Marta Fernández Sanz
1º Periodismo

martes, 19 de febrero de 2013

DelPozo da el salto


A principios de febrero tuvo lugar la New York Fashion Week, una de las pasarelas internacionales más importantes y con más influencia en el mundo de la moda.

A lo largo de los días desfilaron las colecciones de diseñadores tan conocidos como Victoria Beckham, Marc Jacobs o Alexander Wang (de quien recientemente hemos tenido la noticia de ser el nuevo director creativo de Balenciaga).

Una de las grandes novedades de esta edición ha sido la incorporación de la firma española DelPozo a la parrilla de diseñadores, al cargo del diseñador Josep Font.

Ha sido la primera vez que esta firma pisa otro lugar que no sea España, ya que cada temporada ha desfilado en Cibeles, dando así un salto con el objetivo de internacionalizar la marca y así darla a conocer mundialmente.

La presentación fue el 10 de febrero en el Canoe Studio, una amplia sala de la gran manzana que fue decorada acorde al estilo de la marca. La alfombra por la que desfilaban las modelos contaba con motivos florales. También pudieron disfrutar de música en directo e incluso la sala estaba perfumada con una agradable fragancia.

En cuanto al desfile, siguió en la misma línea que en colecciones anteriores. Con una línea bastante romántica nos encontramos prendas con mangas japonesas. La gama de colores pastel y salmón mostraban la gran delicadeza que tiene este diseñador a la hora de crear lo que más destacó en el desfile: los vestidos y las faldas. Todas ellas con destacados pliegues dándole así volumen a las prendas.

Olivia Palermo y Lauren Santo Domingo no quisieron perderse el desfile. De hecho, esta última lució un vestido de ''Del Pozo''. 


Cristina Llamas Feliu De Cabrera
Periodismo 1.1

sábado, 16 de febrero de 2013

Valentín se escribe con "V" de Victoria


Mujer: Ser contradictorio que, aun odiando San Valentín y jurando no gustarle los regalos, es capaz de asesinar sin piedad a todo hombre que se atreva a cruzar la puerta sin un peluche cutre, una tarjeta pomposa o una caja de bombones hortera en forma de corazón.

La cruda realidad. Sin anestesia.

Mentiría si dijese que me gusta esta fecha, que la tengo marcada en el calendario. Es más, siempre he sentido vergüenza ajena ante las  muestras de amor en público o las escenas de las películas americanas en las que el protagonista contrata a una panda de mariachis para declararse a la chica, fundiéndose entonces en un interminable beso vomitivo.
Pero a medida que transcurre el dichoso 14 de Febrero y veo que no me han regalado ni una mísera margarita mustia, me transformo.
Me vuelvo una forofa de San Valentín, una afiliada a “las rosas rojas”. Muto en una amante de los osos con mensajes como “toma mi corazón”; en una fiel seguidora de los “te amo” gritados por Bisbal y Bustamante.
Basta con enterarnos de que “el novio de la prima de mi amiga” le ha sorprendido con velas, pétalos de rosa y champagne, para mimetizarnos con el ambiente y exigir a nuestros respectivos maridos, amantes o novios un “San Valentín digno”. Aunque en sí, lo odiemos

Mujeres. Bombas de relojería, material radioactivo, explosiones imparables. Una especie capaz de ser enigmática y cruel luciendo la careta de dulce y  paciente. 
Bajo nuestra sonrisa cálida se esconde un depredador sanguinario, una fiera.
 Le servimos la venganza al hombre en cualquier plato. Lentamente.
Estrategas natas; soldados de primera línea de batalla.
Rubias, morenas, pelirrojas… Todas con la misma esencia, con ganas de pelea, con el arte de confundir.

En un día como el de “los enamorados” teníamos que hacer honor a los genes, y desconcertar a los pobres hombres que creen tenerlo todo “controlado”. Los cuales han salido de casa sin armadura, felices porque a sus chicas “no les gusta esta fecha”. “¡Uff! De la que me he librado”-piensan ingenuos.
 “No si… me da igual”-decimos mientras amasamos como panes una lenta tortura. Y me pregunto…¿ qué mejor día que el del amor mundial para hacerlo? Voilá.

Así que hombres, ya sabéis. No deis un paso en falso, aprended a descifrar cada palabra que salga de nuestras bocas, porque todo está pensado. No conocemos el significado de “accidental”.
Sed prudentes e inteligentes. No os dejéis confundir… y  recordad que cada 14 de febrero una retirada a tiempo, jamás será una victoria

Cristina Bruzon Jáudenes. Periodismo 1.1

jueves, 14 de febrero de 2013

E(ste)TICA




"¡Oh, qué buen día!" Pienso, levantandome de la cama. Preparo el café, cojo el ordenador y automáticamente abro Facebook. Al pasar rápidamente de una foto y los estados de varios amigos, me fijo en un artículo titulado "Barbie y Ken de la vida real, se encuentran y se odian a muerte!"

"Barbie y Ken de la vida real?" Intrigada, abro el enlace y me enfrento a una serie de fotografías de estos dos “muñecos humanos". Ella: Cinturón de avispa, pechos enormes y pelo larguísimo, casi blanco. Y él? Ken? Él es demasiado. Sus cejas están demasiado arqueadas, los labio hinchadísimos y sus músculos son muy falsos.


Un poco asombrada empiezo a leer el artículo y descubro que el señor Jedlica ha sido fruto de más de 90 operaciones quirúrgicas para conseguir el aspecto del famoso muñeco. Ha dicho que “las operaciones estéticas son una forma de arte porque me permiten ser creativo y renovarme a mí mismo”.

Me detengo un momento y pienso en mi abuelo que siempre me decía "no te adornes demasiado o empezarás a gustarle a la gente por lo que no eres realmente." ¿Cuándo hemos empezado a querer agradar por lo que no somos? Cuándo es que las normas estéticas que nos imponen empezaron a ser más importante que el gusto personal de cada uno? ¿Qué es lo que impulsa a la gente a querer convertirse en alguien diferente sólo para ser apreciado?

Es cierto que la búsqueda de la belleza, o del ideal de belleza, pertenece a la humanidad desde la antigüedad. También es cierto que en la antigüedad la idea de la belleza exterior quería ser un reflejo de la belleza del espíritu: el guerrero guapo y valiente de las estatuas griegas.

Pero hoy en día es así también? No lo creo. Creo que vivendo en la sociedad del "todo y ahora" la belleza exterior es más deseable instintivamente que otras características humanas más dificiles de alcanzar y demostrar, como la responsabilidad, la cultura y la dignidad. Prestamos tanta atención a la estetica que a veces nos olvidamos de unirla a la ética.

Marina Bartolameazzi

miércoles, 13 de febrero de 2013

Contigo desde la infancia


Fue hace 17 años, quizá más, quizá menos, no lo recuerdo bien.
Recuerdo un lazo y un pelo rubio, y una sonrisa que invitaba a acercarme, a confiar.
Compartiendo infancia en aquel pueblo de la costa, entre playas y barcos veleros, y compartiendo la adolescencia en la capital. Compartiendo los problemas de cada una, los errores, los días, las noches.
He pasado años y años al lado de aquella niña, con la que me he peleado, con la que he madurado, con la que me he reído y llorado.

Ella me ha enseñado a sonreír, a sacar el lado bueno de las cosas, a ser feliz con cualquier cosa, ella me ha enseñado que la familia es lo más importante y que las amigas son la familia que podemos elegir.
Ha habido complicaciones, peleas, por supuesto, como en toda buena relación entre amigas, pero lo importante es que a día de hoy ella es la persona en la que me apoyo, en la que confió, con la que siempre me apetece estar.
Con la que me veo dentro de unos años tomando un café, recogiendo hijos del colegio, haciendo locuras, como ahora, amigas, como siempre.
Ella que me ha enseñado el verdadero significado de la palabra vivir, el sonido real de las carcajadas, los buenos silencios en los que no hace falta nada, con ella es estar como en casa.

Le doy las gracias por haber contribuido casi completamente a ser la persona que soy hoy, le doy las 

gracias a ella, a la que es como una hermana para mi.


Inés Aparicio
Periodismo y publicidad 1.1

martes, 12 de febrero de 2013

¿Tengo prisa? ¡Taxi!


-Hace mal día hoy…
-La verdad es que sí, ayer estaba mucho mejor.
-Mañana dicen que nevará… Por cierto, ¿a dónde la llevo?
-Velázquez 8, por favor.

Y es así, el montarse en un taxi implica unos cuantos tipos de conversaciones absurdas. ¿De dónde es? Su acento no es de por aquí. ¿Es usted de Las Palmas?. Que mal tiempo ¿no?. Y son siempre las mismas preguntas, seguidas por la mismas respuestas.

A saber quién se montó alguna vez en el taxi en el que estás ahora, quizás soñadores despiertos, devora libros, poetas estropeados por el tiempo, amantes sin ser amados, bailarines con escayola, amigos traicionados, embarazadas que corren con el tiempo para ser mamás, jugadores de cartas escritas, cenicientas esperando su zapato de cristal… Pero como no, el taxista, sabe que clase de persona eres, cómo te trata la vida, y cuál es tu profesión frustrada, al prestarte atención mientras hablas por teléfono, vas con una amiga, discutes con tu novio. Creo que tras escuchar de todo están capacitados para ser psicólogos.

Pero da igual que estés de mal humor, que tengas prisa, que hables por teléfono, siempre que vayas en taxi, se cruzarán más palabras que en una sopa de letras. Él te sacará su típica conversación que te saca de quicio.
Aunque sí que es verdad, que de vez en cuando, uno de muchos; como un cometa que es avistado por la Tierra cada 1000 años; hay un taxista que apenas te habla para preguntarte la dirección, si no la has dicho tú al entrar claro. Entonces es ahí, dónde se produce ese silencio incómodo que te incita a dar tema de conversación, a invitarle a un par de palabras.

Es entrar en el taxi, y tener los cinco sentidos activados, empezando por el olfato; quizás huele al perfume de la señora que acaba de bajarse, a la hamburguesa que se ha comido en su descanso, a las gotas de sudor que corren por su frente, o al ambientador que lleva colgando del espejo retrovisor. Como olvidarnos de la cadenas que suelen poner, “Kiss FM” u “Onda Melodía”. Y para colmo, aquellos que ponen emisoras de aprender inglés. Siempre que subo a un taxi de este último tipo, pienso ¿por qué no cogí el metro?. Lo siento, pero me ponen muy nerviosa, me marea el “How-are-you? Fine” que parece que lo están diciendo a cámara lenta con una patata en la boca.

Luego están aquellos taxistas que te preguntan “¿No eres de aquí no? Se te nota en el acento” y tú, de tonta, caes en la trampa, “No”, respondes, fiándote de aquel anciano que te ha preguntado, y que por boba, te la va a meter clavada, dándote un tour por Madrid, solo falta el guía delante que te vaya indicando, porque cuando te das cuenta, el taxímetro está desbordado. Y es entonces cuando miras la cartera rápidamente, rezando para tener lo suficiente.

Aunque siempre están los que te amenizan el viaje, y te sacan una sonrisa de oreja a oreja. Porque es verdad que muchas veces, es mejor tener una conversación que educar al silencio. El cuál, cuando estás de buen humor, resulta inquietante.

¿Llueve? Creo que se han quedado todos dormidos hoy. ¿Comienza a diluviar? Quizás están de huelga. ¿Tienes prisa? No pasa ninguno, y si pasa, está ocupado. Esto es así, cuánto más necesitas uno, no hay.

¿Y quién no se ha sentido identificado con todo esto? Como dice Mick Jagger en su canción: “Old Habits Die Hard”. Y es que es cierto, en todos los taxis sucede lo mismo, ahora y siempre.

Hablando de taxis, taxímetros, y todo el rollo. Me voy, que llego tarde...

¡Taxi!



Victoria Benítez de Lugo Kaehler
Periodismo 1.1




lunes, 11 de febrero de 2013

OJALÁ



Despertarse por las mañanas, ver, tocar, oler, oír, sentir, el ruido de las olas, del viento, la luz. ¿Cuántos de nosotros somos capaces de olvidar nuestras preocupaciones para maravillarnos ante ese espectáculo? Resulta evidente que la mayor inconsciencia del hombre es la de su propia vida. Porque todo lo que necesitas para vivir son los demás.

Pero a mi se me cayó el cielo. Se me cayó por todo lo que jamás pude creer o por todo lo que no pudo llegar a ser. Se me cayó por todo aquello que le faltó.

Justicia. Eso es lo primero que le faltó al cielo. Arreglar cuentas, equilibrar balances, devolver algo de esperanza y demostrar que vivir realmente ha valido la pena.  La forma despiadada en que tiró por la borda cada cosa que me hizo feliz. En mi caso, la justicia de poder quererte de cerca esa que no pudo ser, y que por no poder ser, todo lo que había sido, dejo de ser. Así, sin más.
Porque yo todavía era una niña, pero nunca he vivido tan en serio y porque nunca, tampoco, me costó menos trabajo vivir.

Sin embargo, por encima de todo lo que le faltó al cielo, lo que no pude creer en ningún caso, fue la definición de verdad. Si la verdad se reduce a lo que nos explicamos o nos explican, entonces la mentira no existió jamás. Y yo, a medida que canjeo años por juventud, me voy dando cuenta de que hay cosas que ni pueden ni deben ser relativas. Lo absoluto solo tiene sentido cuando llevas demasiado tiempo a merced de lo relativo, y ya has podido descubrir lo yermo, estéril e infructuoso que te resulta para ser feliz.

Quererse es un valor absoluto, como también lo es confiar, creer o comprometerse. No puedes embarazarte un poco, ¿ a que no ? Pues si lo piensas, casi todos los valores realmente importantes de la vida también son discretos, binarios... tampoco admiten puntos medios, ni muertos y no están hechos para gente a medias. Mentir es vivirse a medias. Y la otra mitad es lo que llamamos muerte.


Habré perdido muchas cosas, y habré ganado otras cuantas. Me habré llevado muchas decepciones, pero demasiadas alegrías. Que en esta vida todo vale y todo pasa. Que quiero estar donde y tal como estoy ahora mismo (soy de las que piensa que todo pasa por algo). Que puede que no siempre haya justicia o verdad. Solo le pido al cielo tacto. Tacto para acabar con la mayor de las ilusiones, tacto para destruir el mayor de los amores, o tacto para llevarse a personas insustituibles. Porque si los demás son todo lo que necesito para vivir, espero ser todo lo que necesiten los demás.

Paula Jaro