martes, 29 de enero de 2013

Un simple recordatorio



 La Muerte. Sí, así me llaman. El destino inexorable hacia el que todos os encamináis a rastras. Para muchos, soy el final de todo, el colofón de la existencia y el desgarramiento de lo terrenal; desde el más bello amanecer contemplado una cálida mañana de mayo hasta el más arduo dolor provocado por mi fría presencia. Pero yo creo que exageran.

No deja de asombrarme el inextinguible valor o el angustiante miedo con el que las personas a lo largo de los siglos se han enfrentado a mí. O la esperanza que se reflejaba en sus rostros, casi abrazándome, deseosos de ser trasladados al Más Allá. Muchos se asombran al verme, no me esperan, seguramente no estoy en sus planes del día. Quizá se habían olvidado de mí, pero yo no me olvido de nadie. C.S. Lewis hizo bien al decir que «el tiempo en sí mismo no es ya más que otro nombre de la muerte», y es así; tiempo y muerte somos uno mismo: el mayor asesino de la Historia, incapturable, imparable, insaciable.

Pero no soy un sádico, simplemente soy el siguiente paso de la vida, así como la adolescencia sigue a la infancia o la primavera al invierno. Tenéis la certeza ciega de que os queda un futuro incierto... ¿por qué creéis que yo no os brindo otro futuro? No soy el fin, yo solo soy un escaloncito más. Pero os asusto porque no sabéis nada más allá de mí con certeza, y por eso queréis olvidarme. Solo os recuerdo que sigo aquí, al acecho, que no sois inmortales, que en cualquier momento os toca.

Si todos los días pensarais que es vuestro último día, en alguno estaríais en lo cierto, y el resto los viviríais con mayor intensidad. Porque la vida es un misterio, un misterio al que hay que encontrarle el sentido para disfrutar de ella y vivirla en su plenitud. Y yo, bueno, un simple siervo de la Historia, os aconsejo que llevéis lo que os queda de ella con la mayor dignidad, esfuerzo, dedicación y amor, que será por lo que os recuerden. 

 
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Cristina Sendra Ramos
1º Humanidades y Periodismo

viernes, 18 de enero de 2013

LA MANIPULACIÓN MEDIÁTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

        Cada vez más, los medios de comunicación se están convirtiendo en la voz de los partidos políticos. Los medios de comunicación son ahora el campo de batalla, donde se libra una lucha entre dos patrias: la izquierda y la derecha. En España, como es evidente, la mayoría de los medios tienen una conexión maternal con el PP y el PSOE. Opinan con la moral de estos partidos, les da igual si su interpretación de la información es lógica o no. RTVE es una excepción, ya que sigue fiel al transversalismo, está abierto a cualquier persona, sea de la ideología que sea. Aunque cuando llega un gobierno diferente a la Moncloa, su directiva cambia y, a veces, no cuentan noticias que pudieran irritar al presidente.
        Las cadenas de televisión de las comunidades autónomas son más fáciles de manipular. En este país, la izquierda y la derecha llevan a cabo un imperialismo regional. Muchos habitantes de cada región están indignados por esta burda práctica, porque ven que el canal de su tierra da una imagen muy parcial de esta. Ahí tenemos el ejemplo de Telemadrid, Canal Nou, Canal Sur o el de TV3 y ETB. En el caso de la cadena catalana y vasca, el  problema no es la izquierda y la derecha, sino el sentimiento de pertenencia hacia España, todavía más gordo. Por culpa de esa ingeniería televisiva, las mayorías se convierten en la totalidad, y las minorías en gente especial, que no representan de verdad a su patria chica. Tópicos muy comunes como que los castellanos son de derechas, los andaluces de izquierdas, los catalanes y vascos, nacionalistas… Así no llegaremos a conocer de verdad lo que ocurre a nuestro alrededor.
        Este enfoque de los medios, ha llevado a bastantes periodistas a perder prestigio y ser denostados. En conclusión, las noticias, al igual que la historia, la cuentan los vencedores, en este caso electorales.
Jaime Sánchez Moreno
Periodismo 1.1

miércoles, 9 de enero de 2013

Extraños en la noche



La noche te invade, la oscuridad se apodera de cada rincón de este mundo, y aun así, no existe lobreguez. Sentimos el apagón de las luces, pero somos conscientes de que la ciudad sigue iluminada, las calles encendidas.

El hombre no duerme, no descansa y, temeroso del silencio,  se cuelga el cartel de “abierto 24 horas” haciendo de él un escudo soldado a su piel.
El problema es que así, ocupados, distraídos, desprevenidos ¿cómo conocernos? ¿Cómo pensar?

Recuerdo un paseo en el que me topé con esta realidad irónica, con el chiste que todos formamos. Observé el revuelo de la vida, el “non-stop” humano y pude fijarme por primera vez en la cantidad de restaurantes 24 horas, gasolineras 24 horas, bibliotecas 24 horas, fiestas 24 horas, canales de televisión 24 horas. Me eché a reír. ¿Se puede disfrutar del silencio? es más, ¿existe acaso el silencio?
Durante mi paseo, vi gente agotada y demacrada incapaz de dormir, que con tal de no tener que retirarse a sus casas con ellos mismos, estaban mal acompañados. “¡Qué más da!” “La cuestión es no estar solo”. Sí, esa es la idea que tenemos por bandera.

Somos individuos impacientes, niños pequeños necesitados de ruido para sentirnos escoltados. Drogadictos del bullicio y vividores de experiencias que sean capaces de evadirnos de la realidad para no tener que encontrarnos y así, no tener que cambiarnos.
Somos hombres que han conseguido hacer del silencio algo incómodo y  que poco a poco han ido llenando su mundo de escondites a los que poder retirarse con sus  miles de inseguridades. Siempre bajo el pretexto de que “está abierto”.Pero, ¿por qué no probar a cerrarlos un rato? ¿por qué no intentar ser valientes, apagar el universo por completo y pensar?. Nada más. ¡Héroes del mundo, lo demás vendrá solo!
Cristina Bruzon Jáudenes. Periodismo 1.1





martes, 8 de enero de 2013

El sueño americano






 ‘’El sueño americano’’, un mundo perfecto lleno de oportunidades dentro de una sociedad donde todos somos iguales. Algo aparentemente imposible de cumplir que hará que la vida de las personas sea mucho mejor…  Pero han olvidado algo, el hombre ansía una supremacía frente a la persona de su derecha. Siempre existirá esa competitividad en el hombre, por lo que este  ideal se convierte en lo contrario de lo deseado.

‘’Cuando Estados Unidos estornuda, el mundo entero se contagia’’. A causa de esto, todo lo que antes estaba considerado como una tradición americana o ‘’yanqui’’, se ha extendido por todo el globo. El mundo está americanizado y a la par que aumenta el olvido de las costumbres de las otras naciones, disminuye la concepción de una moralidad y de una personalidad intrínseca.  La sociedad se ha corrompido y se ha sustituido todo lo que anteriormente se consideraba importante por lo inútil. Todo se basa en el consumismo y las personas se han convertido en material para satisfacer los fines individualistas y para ascender por encima de los demás haciendo honor a la competitividad en la que, en parte, se basa este colectivo al que llamamos sociedad. 

El optimismo se ha cambiado por el pesimismo;  la confianza, la fe, la esperanza y la credulidad, por el empirismo y la desconfianza; la libertad, por libertinaje y por el tópico tergiversado de ‘’ Carpe Diem’’. Somos esclavos de nosotros mismos. Y ¿el sueño americano?, ¿ha desaparecido? No estimados lectores, ese es el problema;  ya que el sueño americano se ha cumplido. Está en cada uno de nosotros.
 


Eduardo Llandres Cons, 1.1 Humanidades-Periodismo.

lunes, 7 de enero de 2013

NIÑOS AYER Y HOY ¿QUÉ HA PASADO?


La siguiente reflexión tuvo lugar en mi mente el día 4 de enero de este mismo año, hace tres días. Todo empezó cuando vi a una niña de unos seis años gritando improperios a su padre por la calle. A simple vista me pareció normal, pero su padre (o al menos imagino que lo era) la amenazó con quitarle el bolso si no se callaba. La niña de seis o siete años llevaba un bolso e iba maquillada.

Entonces me paré a pensar. Cuando yo era pequeño los niños nos divertíamos con juguetes (recuerdo con especial cariño los playmobil) al igual que las niñas. Luego se inventaron los videojuegos (la PlayStation, la X-Box...) y fueron usadas sobre todo por los niños pequeños, que ya habíamos crecido y teníamos unos diez años.

Ahí fue cuando los niños más pequeños empezaron a abandonar los juguetes. Mi propio hermano pequeño, con tres años menos que yo, me ganaba jugando a la playstation, parecía que habían nacido para ello. Imagino que esta es una de las causas, aunque hay varias más, pero la conclusión es que los niños ya no son niños.

Antes los niños gritaban, corrían, lloraban, se peleaban, pero nunca gritaban a sus padres. Jugaban con juguetes, se impresionaban con los columpios, no tenían ninguna prisa por crecer. Ahora los niños aspiran a ser adultos cuanto antes. La edad media de inicio del consumo de alcohol está en los trece años. Eso significa que hay menores de 13 años que beben alcohol. Y niñas de seis que se maquillan y gritan a su padre. ¿Por qué pasa esto? ¿será que los propios adultos lo fomentan? ¿es acaso que ya no soportamos a los niños y queremos que crezcan cuanto antes?

Sinceramente, que ahora los niños se intenten comportar como adultos me parece absurdo, con lo feliz que se es siendo un niño, y habría que hacer algo al respecto.

Niños, aprovechad vuestra infancia.


LUIS RUSPOLI 1º DE HUMANIDADES Y PERIODISMO

sábado, 5 de enero de 2013

Los puntos finales facilitan la vida a la gente


No quisiera despedirme de ti sin antes recordarte lo importante que has sido para mí. 

Hace un año me llevé nuestra maleta de recuerdos lejos de nuestra querida isla, pensé que sería imposible deshacerme de ella, pero no tardé mucho en tirarla.
Tiré cuatro años de broncas, de sueños rotos, de promesas sin cumplir.  También destruí el recuerdo de nuestro primer sábado, aquel en el que me temblaba el cuerpo entero pensando que jamás volvería a sentir por nadie lo que sentí contigo aquel día.

Las canciones que firmamos en nuestra memoria, la pasión escondida sólo para nosotros, lo egoístas que fuimos… todo ha desaparecido. 

Olvidarte teniéndote cerca era demasiado difícil, son muchos años en el mismo lugar y ahora que vivimos vidas paralelas ya no hay sufrimiento. Ahora todo nos va bien y la vida te sonríe. 

Sólo espero que esa chica sepa valorarte y te haga feliz cada día. 
Gracias a la distancia, pues ha sido el único remedio a esta enfermedad. Y por supuesto, gracias a ti... por los momentos. 
Sonríe, siempre. 

Sé que te debo un café.




Cristina Llamas
Periodismo 1.1