miércoles, 5 de diciembre de 2012

Mi vida, en línea


Las 6:30 de la mañana, suena el despertador, lo apago y… cojo el móvil.
Y esto es así, vivimos con una dependencia hacia al teléfono que se sale de lo normal, lo usamos mientras comemos, cenamos o desayunamos, es lo último que miramos al acostarnos y lo primero al despertarnos. Creemos que si no vivimos conectados en todo momento nos salimos de la sociedad, nos convertimos en “los raros”.

Pero ha llegado un punto en el que se pierde la falta de relación entre las personas
¿Cuántas veces hemos quedado a comer con amigos y hemos acabado todos con el móvil en las manos? Cada vez en más ocasiones, no contentos con haber quedado con alguien, tenemos que estar hablando con otras personas, nuestro whats app esta siempre en línea.

Y no nos damos cuenta, no somos capaces de ver que mensajearse no es relacionarse, que los “jajajaja” no son lo mismo que oír la risa de una persona y contagiarse de ella, que las historias que se cuentan no se entienden igual si no se puede oír el tono de voz, la emoción, que expresa mucho más que escribir un montón de signos de exclamación al final de un relato.
Se esta perdiendo la confianza y la relación personal, pero por desgracia, estar conectado en estos tiempos es la única forma de saber de los demás.

¿No os acordáis de la emoción al quedar con una persona que hacía mucho tiempo que no veías?
No sabias si habría cambiado, que sería de su vida… pero ahora ese encanto se ha perdido. Facebook nos muestra las últimas fotos de todo el mundo, twitter nos cuenta lo que hace en cada momento, y para más información acudimos al whats app, básicamente no necesitamos quedar con alguien para saber de él, las amistades se han vuelto tecnológicas, vacías, y solo nosotros mismos podemos luchar contra nuestro mejor amigo, el móvil.





Inés Aparicio Hurtado
1.1 Periodismo

2 comentarios:

  1. Un artículo que no tiene desperdicio Inés. Da mucha pena pensar que todo lo que has dicho es verdad... un mundo donde no hay relació personal no es un mundo real, sino ficticio. Enhorabuena.
    Dafne

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  2. Increíble descripción de esta triste, pero cierta, realidad. Te prometo que me ha fascinado este artículo. Gracias por estas líneas, Inés. De verdad.

    R.C.G

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